Así se podría definir, sin miedo a exagerar, el enorme fraude del grupo Volkswagen.
Este pasado viernes 18, el grupo Volkswagen saltaba a
la palestra europea e internacional, no concretamente por sus grandes avances
tecnológicos o por sus brillantes datos de ventas, sino que en esta ocasión era
por el recién descubierto fraude en sus vehículos turbodiésel.
Al
parecer, según han desvelado ciertos estudios realizados por la Agencia de
Protección Medioambiental (EPA) de EEUU, algunos de los coches de las filiales
de la matriz Volkswagen equipados con motores tipo EA 189, no fueron diseñados
para superar las pruebas de emisiones medioambientales, y el Grupo Volkswagen,
en vez de volver a invertir millones y millones en rediseñar por completo estas
unidades para que cumpliesen con dichas pruebas, tomaron el camino más fácil,
barato y rápido, y diseñaron un complejo y malintencionado software que
instalaron en más de 11 millones de automóviles con el objetivo de detectar
cuándo estas unidades estaban siendo sometidas a pruebas para activar en el
coche un sistema de bajo consumo, con el cual el coche aprobaba los test sin
despeinarse.
Según los datos con los que
se trabaja actualmente, los modelos afectados, al menos en América del Norte,
son los modelos VW Jetta, Golf y Beetle (vendidos entre 2009 y 2015), VW Passat
(vendido entre 2014 y 2015) y Audi A3 (vendido entre 2009 y 2015). No obstante,
el caso es que las emisiones de estos modelos superaban ampliamente los límites
establecidos, por ejemplo el Jetta superaba en más de cuarenta veces el límite
establecido de NOX(óxidos de nitrógeno) y el Passat también
suspendía esta prueba debido a que emitía cerca de veinte veces más NOX
del permitido.
El problema para Volkswagen no es
que esto sea algo aislado en el mercado de USA, sino que, según un comunicado
oficial de la matriz, existe un total de 11 millones de coches con el famoso
software instalado, unos 480.000 de ellos en Norteamérica. El castigo de los
accionistas ha sido tremendo, con una caída en el Dax alemán de un 35% entre el
lunes y el martes, lo que se traduce en una pérdida de cerca de 25.000 millones
de euros, amén de los 6500 millones de euros que la marca ha anunciado como
fondo de reserva para solucionar el problema en EEUU. Sin embargo, esto puede
que sea pecata minuta comparado con
la sanción máxima que la ley de USA podría imponerle: 37500 euros por cada uno
de los 480.000 coches “trucados”, un total de 18.000 millones. Pero no
olvidemos que otros países como Alemania, Francia, Italia, Corea del Sur… han
abierto investigaciones para esclarecer los hechos acaecidos con los vehículos que
el grupo alemán ha vendido en su país, así que las multas y sanciones podrían
ser de valores desorbitantes para la marca, la cual podría incluso no tener la
capacidad para hacerlas frente.
No
solo la reputación del grupo VW se ha visto afectada con esta noticia, sino que
también la tan alabada marca del “Hecho en Alemania” ha perdido credibilidad de
cara al público internacional, el cual hasta al momento confiaba en la destreza
para la ingeniería y la tecnología avanzada de Alemania, pero que con este
percance en su industria automovilística, que recordemos es uno de los motores
de su economía, no se sabe a ciencia cierta cómo pueden ser de graves los
retrocesos en la economía alemana.
Mario de la Fuente