El 31 de marzo
de 2015 se cumplen 330 años del nacimiento de Johann Sebastian Bach, un gran
músico y compositor alemán considerado la mejor figura del barroco y un gran
estandarte de la música culta occidental.
Su historia
comienza el 31 de marzo de 1685 en Eisenach, Alemania; en el seno de la Dinastía
Bach, una importante saga de compositores alemanes que se extendió durante más de
dos siglos y siete generaciones por toda la zona de Turingia, constituyendo una
de las mayores influencias musicales de la comarca septentrional alemana.
Además, su padre, Johann Ambrosius Bach, fue un gran violinista y trompetista,
el cual le impartió sus primeras clases musicales y le enseñó a tocar algunos instrumentos como
el violín; aunque, en 1695, murió, dejando huérfano al pobre Bach de apenas 10
años.
Tras quedarse sin
padres, J.S.Bach se fue a vivir con su hermano mayor Johan Christoph Bach, un
afamado organista de la ciudad de Ohrdruf. Junto con este, el joven Sebastian
comenzó a amar la música y recibió unas valiosas enseñanzas musicales entre las
que destacaron el aprendizaje del
órgano y el clavicorno; pero, principalmente, destacó su toma de contacto con
las obras musicales de grandes artistas europeos de la época como Jean-Baptiste
Lully, Louis Marchand, Johann Pachelbel… No obstante, a los 14 años su vida
cambió irremediablemente, debido a que fue agraciado con una matrícula en la magnífica
escuela de San Miguel de Lüneburg, donde completó sus estudios y conoció a
diferentes personalidades de la música como Georg Böhm, Nicolaus Bruhns… a la
vez que aprendió las obras del gran maestro alemán Heinrich Schütz.
Su vida musical
comenzó cuando, con 17 años, entró al servicio de Johann Ernst de Weimar, quien
lo contrató para su orquesta; aunque poco después aceptó el puesto de organista
en la iglesia de Arnstadt y comenzó a recibir clases de su buen amigo Dietrich
Buxtehude, la figura máxima de los organistas alemanes. Tras esta experiencia
en Lübeck, el compositor de Eisenach se trasladó a Mühlhausen para tocar el
órgano en la iglesia de San Blas. Sin embargo, al recibir una oferta
significativamente mejor de la corte de Weimar, el joven Bach decidió dejar su
puesto en Mühlhausen y comenzar así un productivo periodo de música didáctica
en Weimar, el cual terminaría en 1717 tras ser encarcelado debido a sus quejas
por no haber sido elegido maestro de capilla.
Después de ser
liberado, Bach fue contratado por Leopold de Anhalt-Köthen, un músico
protestante que lo apoyó enormemente en su carrera musical; pero en 1723 se
mudó a Leipzig y fue nombrado director musical de la ciudad. Allí permaneció el
resto de su vida, trabajando y rigiendo las tres iglesias de la ciudad y la
escuela de Santo Tomás, por lo que también tuvo que ejercer las labores de
profesor. No obstante, la inmensa cantidad de labores que tenía que llevar a
cabo lo condujeron a enfrentarse durante más de 20 años con los líderes de la ciudad,
pero su lucha incansable no fue recompensada y tuvo que vivir amargado e
infeliz con el único apoyo de su familia. Finalmente, murió en Leipzig debido a
una severa ceguera que comenzó con una pequeña miopía en su adolescencia y fue
aumentando gradualmente hasta que, al final de sus días, se quedó ciego
totalmente. Fue enterrado en el
cementerio de San Juan de Leipzig, aunque en 1894 lo trasladaron a la iglesia
de San Juan y actualmente sus restos yacen en la iglesia de Santo Tomás.
En lo
relacionado con su vida sentimental, Bach se casó con dos mujeres: María
Bárbara Bach, una prima suya con la que tuvo 7 hijos; y Ana Magdalena Wicke, una
cantante alemana con lo que concibió 13 hijos. Su primera mujer, María Bárbara,
murió en 1720 inesperadamente mientras el compositor alemán se encontraba de
viaje; pero, un año después, Bach conoció a Ana Magdalena Wicke, con la que se
casó y vivió hasta el día de su muerte. Su vida sentimental fue siempre buena,
y nunca le faltó tiempo para enseñarles música a sus hijos, como su padre había
hecho con él.
Su repertorio
musical es incalculable, ya que ha constituido las bases de la música moderna,
y de una magnitud enorme, porque está formado por unas 300 cantatas, 200 obras
corales, 250 obras para órgano… en total más de 1000 creaciones musicales entre
las que destacan: Misa en si menor,
Tocata y Fuga en re menor, El clave bien temperado, Pasión según San Mateo,
Variaciones Goldberg, Concierto de Brandenburgo…
En definitiva,
Johann Sebastian Bach ha sido, es y será una de las figuras más influyentes de
la música universal, con un repertorio gigante y una música ornamentada,
armoniosa y complicada, solo al alcance de los mejores. Sus diversas
innovaciones y su estilo extravagante, puro y expresivo lo convierten en un
genio adelantado a su tiempo, al que incluso Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig
van Beethoven elogiaron en su día. Como conclusión, Bach fue un músico
revolucionario y magnífico que rompió con todos los esquemas de su época y nos
aportó un punto de vista de la música que aún hoy permanece, fue el mejor de
todos los tiempos, fue Johann Sebastian Bach.
Mario de la Fuente.

.jpg)