El
viaje comenzó a las ocho de la mañana en la delegación de cultura, donde los
alumnos, ávidos de llegar a la capital madrileña, esperaban con entusiasmo al
autobús, que llegó algo tarde. Conforme pasaba el viaje, nuevos paisajes nevados
y blanquecinos, a cada cual más bello, surgían de entre las vahadas ventanas.
¡Qué alegría al ver la nieve tan de cerca!, ya que en Zamora ni un triste copo
cae últimamente. Entre tanto, llegamos a Madrid, la majestuosa ciudad aparecía
en el horizonte, y, ya dentro de ella, abandonamos el autobús en el edificio
España, ese que durante años fue el más alto de nuestro país. Durante un largo
paseo marcado por el frío, descubrimos los principales lugares de la capital
como el Parque del retiro, la imponente Gran Vía… pero ese paseo tenía un claro
destino, el Museo del Prado. Cuando llegamos al museo, en torno a las 12:30,
recogimos las entradas y, tras dejar en el guardarropa nuestras mochilas y
abrigos, entramos directamente a maravillarnos con las obras de precisión que
colgaban de las paredes. Tras varios pasillos y “callejones” pudimos llegar a
ver nuestra primera obra, el mural de La
Vera Cruz de Maderuelo; una pintura realizada al fresco que representa a
las mil maravillas el pecado original de Adán y Eva. Largos pasillos, otra vez,
hasta llegar nuestra segunda obra, El
Descendimiento. Esta obra de Roger van der Weyden plasma cómo Jesús
descendía de la cruz, y cómo sus familiares y amigos lloraban su muerte.
Después, llegamos a la obra más graciosa y más sorprendente de todo el museo, El Jardín de las Delicias; una
representación totalmente surrealista del paraíso, el pecado y el infierno. No
obstante, conforme pasábamos las diferentes obras del museo, nos quedábamos
atónitos; sobre todo con Las Meninas;
una obra de Velázquez que, maravillosamente, nos transportaba a la realeza de
un época pasada. Para finalizar, visitamos las pinturas negras de Goya; unas
pinturas tristes, melancólicas y de desesperación, que nos transportaban a cómo
el sordo pintor se sentía ante el mundo en el que vivía.
Al
finalizar la visita al museo, todos los alumnos disfrutaron de dos horas que
emplearon en como en establecimientos de comida rápida como el Mc´Donalds o el
Burger King; y para adentrarse en algunas de las calles más emblemáticas de la
capital como Fuencarral, Gran Vía… Al volver a reunirnos… ¡Qué curioso, todos
con una bebida del Starbucks! Ya, para ponerle la guinda al pastel, en el
camino hacia el autobús, observamos la puerta del Sol, el senado, el congreso
de los diputados… pero, a eso de las 17:00, todos los alumnos y profesores
decían al son: ¡Adiós Madrid!
Mario
de la Fuente y María Palacios.