Hace ya dos décadas que el litio se
convirtió en una gran estrella para dispositivos electrónicos más exigentes.
Pueden
almacenar energía en un reducido espacio y un peso mínimo, pero hace falta
buscar soluciones para que dure más la batería de los móviles o para que los
vehículos electrícos puedan recorrer más kilómetros antes de tener que
detenerse a recargar.
Un
grupo de investigadores de las universidades de Harvard e Illinois han optado
por imprimir sus baterías en 3D y a escala nanométrica. Aseguran que habrá
aplicaciones tanto para medicina como telecomunicaciones, sin tropezar en que
sus baterías sean tan grandes como el dispositivo. Otro equipo de la
Universidad de Illinois ha creado una batería flexible y elástica. El problema
encontrado es que los materiales no son impermeables al aire ni al agua. Una
modalidad apta para dispositivos flexibles se basa en nanocristales de estaño.
Los científicos esperan llegar a fabricar
baterías recargables con la suficiente potencia con un ingrediente que podría
sorprender a los sopranos: el aire. Quedan algunas cosas por resolver, pero la
industria mira con ansia estos avances científicos.
Laura Marcos Zazo.