“Cuando el río suena… agua lleva”, decían
algunos sobre los rumores de los adulterios del emérito rey de España, don Juan Carlos de Borbón. Bien,
pues esas sospechas se confirmaron ayer día 12 de enero de 2015, cuando el
supremo aceptó a trámite la demanda de paternidad contra don Juan Carlos de
Borbón por parte de Ingrid Jeanne Sartiau, su presunto hijo ilegítimo. Los
rumores de los adulterios del rey emérito eran un secreto a voces del que todos
los españoles tenían noticias; noticias… y pruebas relevantes. El inicio de
todo esto fue la famosa y mundialmente conocida caza de elefantes con Corinna
en Botswana. Ahí, cuando se rompió la cadera, Dios sabe haciendo qué, el pueblo
español empezó a alejarse de la corona y a dejar de confiar en ella. Poco a poco,
la gente fue desbancando a don Juan Carlos de su estrado, ese que había
conseguido en su longevo reinado; y la corona española, con don Juan Carlos al
frente, ya no era creíble.
La casa real, como
se puede apreciar, no pasa por su mejor momento. Su imagen, tras la imputación
de la infanta doña Elena en el caso Noós, ha quedado, cuanto menos, dañada.
Pero todo esto sería pecata minuta de
confirmarse lo que toda España sospecha: don Juan Carlos ha tenido, al menos,
un hijo ilegítimo. Cierto es que no sería la primera vez que un rey de España
tuviese hijos ilegítimos, pero el impacto que causaría en masas españolas sería
brutal. Además, como su hija, debería pasar por los banquillos del tribunal
supremo, y esa repercusión social, ya nombrada anteriormente, mermaría aún más
la imagen real. Si eso ocurriese, el
actual rey, Felipe VI, se enfrentaría a una gran crisis en la corona; quizá la
más grande que nunca hubiese conocido la realeza española desde que se
recuerda.
Si el ADN confirma
que el padre de la demandante, Ingrid Jeanne Sartiau,, es Don Juan Carlos, el
trono y la línea sucesoria no cambiarían, al ser un hijo ilegítimo, pero sí tendría derecho a
herencia cuando llegue el día del óbito del rey emérito de España, don Juan
Carlos de Borbón. No obstante, todos estos son condicionantes, y hasta que el
juez y el ADN no dicten sentencia…
Mario
de la Fuente.